Incluirme me cuesta más que incluir
Yo: Mañana empiezo un sitio nuevo y tengo miedo de no encajar.
Terapeuta imaginario: ¿Qué es lo peor que puede pasar?
Yo: Que me miren como si fuese la nueva.
Terapeuta imaginario: Lo eres.
Yo: No ayudas.
Terapeuta imaginario: Pues empezamos bien.
Hay una cosa que nadie te cuenta de la inclusión:
no se trata solo de que los demás te abran espacio, sino de que tú también te sientas capaz de ocuparlo.
Y eso, sinceramente, da miedo.
Entrar en un ambiente nuevo (una clase, un grupo, un trabajo, una práctica) es como llegar tarde a una peli que todos ya han visto.
El resto parece tener su papel asignado, su gente, sus chistes internos, sus ritmos…
Y tú estás ahí intentando parecer natural mientras decides si sentarte al fondo o fingir que sabes dónde está el baño.
El miedo a no encajar es más común de lo que creemos, pero casi nadie lo admite.
Y a veces, por ese mismo miedo, acabamos haciéndonos pequeñitos, callando más de la cuenta o escondiendo partes de nosotros “por si acaso”.
Lo irónico es que, cuanto más nos escondemos, menos oportunidad tenemos de que alguien nos incluya de verdad.
Incluir no es solo aceptar al otro:
a veces es permitirte llegar siendo tú, con tus rarezas, tus silencios, tus inseguridades y tus ganas de encontrar un hueco.
La inclusión empieza cuando dejas de forzarte a encajar en un molde que no es tuyo y empiezas a permitirte estar, aunque al principio no sepas dónde poner las manos o qué cara poner cuando alguien te dice “preséntate”.
Puede que cueste.
Puede que tardes.
Puede que necesites observar primero.
Pero eso también es parte del proceso.
No hay un manual universal para encajar.
Solo pequeños gestos: una conversación espontánea, una sonrisa sincera, un “¿me siento aquí?”.
Y muchas veces, el hueco que parecía no existir se crea contigo dentro.
Me encanta como comentas algo que es tan tabú en nuestra sociedad a la par de común, me flipa la idea del terapeuta, super original empezar así.
ResponderEliminar